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Una joya sin nombre

Las piedras preciosas en combinación con materiales a veces suntuosos y otras veces económicos, dieron al periodo de entreguerras un tipo de ornamento en el que predominaron los colores saturados, la obsesión por lo egipcio y la mezcla de estilos.

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La dama de oro

Autor: Andrea Uribe Yepes Un poeta y una pintora con aura de socialité se encuentran un fin de semana a las afueras de Roma. El resultado: un lienzo en blanco, un anillo de topacio y un escándalo. No fue siempre Tamara de Lempicka. En un principio, en Rusia de comienzos del siglo XX, fue Tamara Górska, una niña de la clase alta moscovita que descubrió que quería pintar cuando tenía 12 años. Sus padres, una heredera y un abogado, encargaron a una pintora anónima un retrato al pastel de su hija mayor. Para ella fue una tortura las horas que tuvo que pasar severa y dispuesta. Padecía cada minuto que debía ordenar a su cuerpo la rigidez. Más tarde, Tamara también torturaría a los que posaran para ella. La aristocracia europea de la primera mitad del siglo XX hizo fila para ser torturada. Tamara, que ahora tenía el apellido Lempicka tras casarse con un abogado que conoció en la ópera, tomó rostros, cuerpos, vestidos y sombreros de sus amantes y amigos y creó una colección …

Hecha en Medellín

Fue la editora Diana Vreeland quien dijo que debíamos llevar a los ojos de viaje, sumergirlos en estéticas distintas, enfrentarlos a lugares que no conocen. Bajo esa premisa dirigió editoriales de moda en los escenarios más inesperados, para que a los lectores nada se les volviera paisaje. Pasaba de desiertos tenaces a los fríos más blancos, y de ahí a una escena con elefantes. Pero a veces no hay que tomar un avión para que los ojos se sorprendan, a veces, simplemente, hay que salir y ver todo lo que ya se ha visto como si fuera la primera vez. En esta edición de Mamba quisimos ver Medellín, ver lo que podría ser paisaje con unos ojos frescos. El filtro fue un tema encantador: la sastrería. Quisimos beber de lo propio mirando ese fenómeno del traje a la medida, de los vestidos de paño, de los hombres que usaban sombrero. Quisimos encontrar historias que sucedieran en terreno conocido, con las que sintiéramos familiaridad, cercanía. Lo hicimos sin olvidar que desde siempre hemos sido una ciudad …

Otra portada: Playboy, enero 1987

El que alguna vez había vestido a Mata Hari e ilustrado para Poiret, ahora hacía del conejito Playboy una ilusión óptica. Cara: un conejo blanco con líneas azules. Cruz: una mujer con el torso desnudo usando un vestido que pudo haber tomado de entre sus diseños para Folies Bergère, el famoso cabaré parisino. Con la portada de Romain de Tirtoff, más conocido como Erté, esta edición lanzada en enero de 1987 fue muy replicada por la revista, apareciendo en las versiones para Grecia, Italia, México, Japón, Turquía y Estados Unidos.

Un objeto: El Cartel

Hay un Robert Bonfils, americano, cartelista, que usaba colores sacados del más tropical de los paisajes y los ponía sobre mujeres semidesnudas. Hay otro Robert Bonfils, francés, cartelista, que realizó el póster promocional de la Exposición Internacional de las Artes Decorativas que sucedió en París en 1925. Robert, usando la técnica de la xilografía, hizo en tonos rojos y azules una ninfa moderna, atlética, grácil; que cargaba una canasta llena de flores y corría a la par de una gacela. El cartel original pertenece al Victoria and Albert Museum de Londres.

Un objeto: The Mondrian Dress

Mondrian is purity and on can go no further in purity in painting. This is a purity that joins with that of the Bauhaus. The masterpiece of the twentieth century is a Mondrian. Yves Saint Laurent En la colección de otoño de 1966 el diseñador argelino Yves Saint Laurent presentó seis vestidos con silueta recta inspirados en la obra de Piet Mondrian. Las prendas eran construcciones a partir de bloques de colores primarios con líneas negras gruesas para las uniones. Esta serie de vestidos son el resultado de una época de especial sensibilidad hacia el arte y se convirtió en uno de los íconos del diseñador. Fueron portada de Vogue en 1965 y se reprodujeron en masa para la venta. Aunque no es propiamente una pieza de arte pop la que construye el vestido, la apropiación de la obra y la reproducción en masa, propias del pop, marcaron un antes y un después en la carrera de Saint Laurent, y en la historia del vestuario.